El Racing Club Portuense dio un paso gigantesco hacia el ascenso directo tras imponerse ayer por 2-0 al C.D. Egabrense en el encuentro correspondiente a la jornada 29 del Grupo I de División de Honor Andaluza, en un José del Cuvillo vestido de gran cita, con más de 5.000 espectadores y ambiente de partido histórico. Y el equipo respondió como se responden las grandes finales: con autoridad, personalidad y una superioridad que fue táctica, física y emocional. El once inicial formado por Juanma, Carmelo, Manu Heredia, Javi Tamayo, Adri Romero, Rodri, Oca, Roberto Barba, Fran García, Jacobo y Adri Cuevas interpretó el partido con una intensidad altísima desde el primer minuto, presionando la salida del balón del conjunto cordobés, asfixiando cada intento de construcción visitante y dejando claro muy pronto quién mandaba sobre el césped.
El Racing controló el duelo de principio a fin. Apenas concedió situaciones comprometidas, sostuvo una defensa impecable y jugó con la madurez de quien entendió que se estaba jugando una temporada. Ya había avisado con una acción polémica en la que se reclamó penalti sobre Javi Tamayo, y a continuación encontró premio con una obra de arte. En el minuto 18, Adri Romero dibujó una falta directa a la escuadra para firmar el 1-0 y encender un estadio que rugió como un volcán. El gol hizo justicia a un primer tiempo donde el Racing fue mejor y donde el Egabrense nunca encontró comodidad ni continuidad.
Tras el descanso, el guion no cambió. El conjunto de Bruno Herrero mantuvo el control, gestionó los tiempos, siguió imponiéndose en los duelos y no permitió reacción visitante. Durante el encuentro también movió el banquillo con Alberto Durán, Bonilla, Manu Moreno, Borja, Elías y Pepe como hombres que partieron desde él y dieron profundidad a un partido que exigía piernas y cabeza hasta el final. Y cuando el encuentro se encaminaba hacia un cierre ajustado, tras varias ocasiones racinguistas que se fueron al limbo, llegó la sentencia. En el descuento, Elías hizo el 2-0, tras una gran jugada de Borja, que controló, avanzó y puso un balón en bandeja, para desatar la locura definitiva y cerrar una victoria tan merecida como simbólica. Dos goles, portería a cero y una demostración de equipo grande.
El triunfo deja al Racing segundo con 60 puntos y dependiendo de sí mismo para ascender en la última jornada. El triunfo del Montilla ante el Cádiz Balón por 1-0 impidió que la fiesta fuera completa y aplazó el desenlace, pero el escenario es claro: ganar el último partido en El Rosal significará el ascenso directo. Por otro lado, el empate del Cartaya en Rociana, da esperanzas a un Balón que todavía llegará con una mínima opción de salvación al duelo final. Todo queda concentrado en una última estación.
Pero más allá de los números, lo que dejó ayer el Racing fue una declaración. Supo jugar el partido que había que jugar. No se dejó arrastrar por la tensión. No especuló. Compitió con ambición, dominó a un rival directo y lo redujo casi a la nada. Fue una actuación de equipo convencido. De equipo preparado. De equipo que mira al ascenso de frente. Ahora queda un último paso. Solo uno. Y después de lo visto ayer en el José del Cuvillo, ese sueño late más fuerte que nunca.
















