El Racing Club Portuense llega a la jornada 14 convertido en un equipo que parece navegar con viento propio. Ocho victorias consecutivas han elevado a los rojiblancos hasta la segunda plaza, un territorio donde cada paso pesa más y cada partido se ilumina con un brillo especial. La visita al C.D. Egabrense aparece como un nuevo examen, de esos que revelan fibra competitiva y consolidan aspiraciones.
El rival, lejos de ser un invitado secundario, presume de un empate de mérito en Montilla, un escenario donde pocos regresan indemnes. Ese 0 a 0 les dio impulso anímico y confirma lo que refleja la tabla: se trata de un conjunto correoso, con estructura, que ocupa posiciones de mitad alta y acostumbra a vender cara cada disputa. En su campo, además, el Egabrense suele convertirse en un adversario incómodo, de esos que obligan a trabajar cada metro y cada posesión.
El Racing, por su parte, ha preparado el duelo con la meticulosidad de quien sabe que el éxito se cocina en los detalles. La semana quedó estructurada en dos días de descanso para recuperar energías y tres sesiones de entrenamiento consecutivas en el José del Cuvillo, donde se ajustaron ritmos, se afinó la presión y se cuidaron las piezas clave de un once que lleva semanas funcionando como una maquinaria bien afinada. En esta ocasión, el equipo afrontará el encuentro con la baja de Jacobo Cornejo, sancionado con un partido por acumulación de amonestaciones, un contratiempo que obligará a ajustar piezas pero que no altera la convicción del grupo. El sábado quedó reservado para recuperar sensaciones antes del viaje a Cabra, un gesto que evidencia la variedad de pulsos que maneja el cuerpo técnico.
La cita del domingo no solo pone en juego tres puntos, sino la posibilidad de prolongar una racha que ya forma parte del relato de la temporada. Alcanzar la novena victoria consecutiva sería un hito que hablaría tanto de talento como de convicción, una mezcla que el equipo lleva semanas exhibiendo con serenidad y hambre al mismo tiempo.
En un momento así, la afición vuelve a ser ese motor que empuja desde dentro. Su presencia, ya sea en la grada rival o siguiendo el encuentro desde la distancia, añade una corriente emocional que ha acompañado al equipo durante todo este tramo victorioso. Cada aliento, cada gesto y cada viaje suma en un proyecto que está creciendo partido a partido.
El Racing viaja con ambición, con la tabla en una mano y la ilusión en la otra. El Egabrense espera con su solidez habitual. Y el domingo, en Cabra, se escribirá un nuevo capítulo de una temporada que ya está dejando su propio eco.
Fuente: Paco Guerrero

















